sábado, 20 de agosto de 2016

DESDE EL CALDENAL

Hace algunas semanas tomamos conocimiento de este libro, a través de la presentación que su autora realizara en la Biblioteca Popular de Telén. Lo firma como Elsa Kenny, un apellido de ascendencia irlandés muy conocido en la zona del noroeste pampeano.

Ella es pampeana, se casó con Eduardo Kenny, nativo del lugar y vivió junto con su familia en la Estancia "La Marcela", a pocas leguas del pueblo que fundara el francés Alfonso Capdeville el año 1901. Allí crió sus hijos, algunos de los cuales fueron nuestros alumnos en la Escuela provincial de Comercio "Félix Romero" de Victorica.

La Marcela está situada a tres leguas al noroeste de la estancia "Santa Camila", allí donde aquel francés, hijo del socio de Capdeville, compuso música que firmó con el seudónimo J. Nirvassed. Un vals Boston que compuso y dedicó al entonces Gobernador del Territorio Pampa Central, el Dr. José Luro, lleva el título "Aromas del monte".

"Conozco el monte vivo y libre. No pude escapar de la poesía para cantarle a esta tierra firme y dura, montaraz e indestructible. Montes azules de mis recuerdos." Estas son sus palabras a modo de presentación al ramillete de poemas, en los que desgrana todo el amor por ese lugar, por los habitantes del bosque de caldén al que los lugareños, como ella lo hace, lo llaman monte.

Eso de montes azules, es porque efectivamente al caer el sol, a eso de la oración como decían nuestras abuelas, la abigarrada caldenada se tiñe de un color azulado. El primer poema que abre el libro está titulado precisamente Montes Azules: "De cerros, montes y cielos/ envueltos en bruma azul,/ eran el cielo sobre mi alma".

En los más de cuarenta poemas que componen el libro, la autora se ha dejado llevar por sus recuerdos, sensaciones, experiencias vitales, pero sobre todo por el sentimiento de amor hacia esa naturaleza con la que han convivido y donde han soñado y amado junto a sus seres queridos.


EL CALDENAL

Yo vivo en el caldenal...
terrenal, rústico, amado.
Bajo cielos y caldenes
frescura de follajes.
Primaveras con golondrinas
y pájaros del monte
que juegan con las nubes
cambiantes y voluptuosas.
Vientos que pasan silbando
despeinando caldenes.
Tardes melancólicas
despiden al sol
entre una orgía
de rojos y corales
que tiñen el horizonte.
Arriba...
cielo extendido sereno.
Abajo...
el caldenal fascinante
en su quietud secular.
Noches máginas de luna llena,
murmullos misteriosos
roces sigilosos
de duendes nocturnos.
Escenario grandioso
de caldenes, lunas y estrellas.
Olor a montes,
olor a hierbas,
frescura de la noche.
Canto de grillos,
chistido de lechuzas.
Entre tanta vastedad
el alma libera sueños
que albergan esperanzas.
Hay lugar para el silencio,
la paz, el amor y la poesía...


sábado, 16 de julio de 2016

DELIA CASPER FABRICANTE DE SOMBREROS




Después de transcurrida la mitad de la década de 1930, conocida como “los años malos”, Victorica, el primer pueblo de la Pampa Central, comenzó a percibir, por ser el centro urbano más grande de cincuenta leguas a la redonda, la demanda laboral de la mujer. Primero  hicieron oír su necesidad las personas solteras, pero con el correr de los años también las casadas golpearon la puerta del mercado de trabajo local.

Hasta ese momento, una de las principales actividades profesionales de la mujer era la educación, pero para eso había que estudiar y tener un título habilitante, lo que sólo podían hacer las hijas de familias burguesas.
Fueron varias las actividades económicas donde las mujeres se iniciaron en la vida laboral activa. La casa de Ramos Generales de J. Llorens, J. Antich y Cía. a principios del siglo XX tenía entre su personal a varias mujeres, entre ellas a Antonia Ubalda Ortiz, Dubedout,  y Manuela del Valle, entre otras. También los Restaurantes, Hoteles y Hospedajes contaban con personal femenino. Algunas desempeñaban, como trabajadoras autónomas, sus conocimientos de costureras, peluqueras o curanderas y comadronas.

El lugar que comenzó ocupando la mujer fue, en sus inicios, el comercio, en distintos ramos, principalmente en las tiendas. Pero también algunas pequeñas industrias recurrieron a ellas. En las panaderías, en la fábrica de hielo de la familia Rochereul, donde por lo menos tres de sus hijas trabajaron a la par de los varones. El año 1943 en nuestra República Argentina, por primera vez el trabajo industrial superó al trabajo agropecuario. Lamentablemente no tenemos registro del trabajo de la mujer en las estancias, porque en aquella época estaba invisibilizado. 

A principios de la década de 1950 había dos sastrerías en Victorica, la capital del Departamento Loventué. Una del italiano Francisco Garzaniti y la otra del polaco José Martinowsky. En la de Garzanitti trabajó nuestra tía Selva Cesanelli. En tanto en la de Martinowsky trabajaron entre otras mujeres, las hermanas Sara y Dora Marini.
Delia Casper con su esposo Carmelo Lamónica el día de la comunión de su hija Malvina, en la Iglesia de Victorica (La Pampa)

Pero las industrias no abundaban, y en las pequeñas empresas familiares, generalmente trabajaba la esposa y los hijos del dueño que no estudiaban. En los pueblos vecinos, donde se instalaron aserraderos, hubo empleo para las mujeres casi a la par de los varones. Eso sucedió en Telén y Loventuel, no tenemos datos de Victorica.

Eran las épocas en que la moda masculina imponía entre la clase pudiente el traje con chaleco. La chalina, el impermeable, el sobretodo, los cuellos de camisa almidonados, las camisas con gemelos. En cambio los descendientes de los criollos, el poncho, el pañuelo de cuello, las bombachas y las botas. Pero ambas compartían la moda del sombrero, claro que de distinta calidad y modelo.

Sus inicios en la confección de sombreros
Adolfo Lamonica, hijo del italiano Carmelo Lamónica, trabajaba como vendedor en la Sastrería Sportman, que luego se transformó en Suixtil, propiedad del sastre Zaninovich de General Pico, quien confeccionaba trajes a medida.

A través de él, Delia Casper, cuñada de Adolfo Lamónica, comienza ayudando con el planchado de prendas y limpieza manual con bencina, oficio que había practicado para sus antiguos patrones. Zaninovich,  observa sus habilidades y le sugiere la idea de comenzar con la elaboración de sombreros y es  así que encargan los moldes de madera necesarios a Buenos Aires, luego compran una máquina y después viaja a la Capital a la casa proveedora, donde le dieron clases prácticas.

 El paño era de excelente calidad, siendo los colores más comunes el negro, marrón, verde, gris, plomo. El fieltro raso y la cinta para el ribete lo encargaban a Buenos Aires.
Adolfo Lamónica de camisa, con un amigo en el patio de su casa paterna en Victorica 

La elaboración era totalmente artesanal. Como primer paso  medía el diámetro de la cabeza del cliente con centímetro, y luego cortaba respetando los datos.  El paño se engomaba y después  se moldeaba con vapor mediante un trapo húmedo como protección. En forma manual y con gran habilidad lo iba construyendo, primero con plancha a carbón, luego la de calentar y por último  la de nafta blanca. Finalmente los cosía y los dejaba en sus respectivos moldes para fijar sus formas. Trabajaba por etapas, cada una de las siguientes partes:
          corona o copa: era la parte superior del sombrero que se adapta a la forma del cráneo limitando su circunferencia. Esta podía  tener diferentes formas, regularmente redonda, cónica o truncada.

         borde o ala: era la parte del sombrero que constaba de una superficie que recorre la circunferencia del sombrero, cumple la función de proteger al hombre de los rayos solares, el viento y la lluvia, también conocido como visera o ala frontal.

         banda suave: es la parte interna del sombrero, regularmente hecha de materiales muy suaves que entra en contacto directo con el cráneo  y que tiene la finalidad de ajustar correctamente el sombrero a la cabeza y detener la transpiración. El “tafilete” es el trozo de cuero tipo badana, que sirve para unir, en la parte interna, el ala con la copa del sombrero.

         banda del sombrero o cinturón: es la franja de algún material que se encuentra en el exterior del sombrero, entre la corona y el borde, servía para darle forma al sombrero o como simple adorno.

En la foto de derecha a izquierda aparecen el sastre italiano Francisco Garzaniti, don Vidal Saenz, Domingo Andrés Frois y don Pedro Ragone, algunos posibles clientes
 Biografía de Delia Casper
Sus padres fueron  Malvina Grabosky, inmigrante polaca y Santiago Casper, inmigrante ruso de la colectividad de los alemanes del Volga.
Malvina Grabosky, había venido con sus padres a Argentina y comienzan sus tareas rurales en la zona de Winifreda, entonces Territorio Nacional de la Pampa Central.  Allí se conocen con Casper,  se casaron y de esa pareja nacieron ocho hijos: Juan, Delia, Celestina, Felipe, Albina, Enriqueta,  Ana y Alberto. Juan trabajó en el Hospital, Felipe en la Casa Calandri y Alberto en la Cooperativa de Electricidad

Delia comenzó a trabajar desde los 17 años en la estancia "Las vertientes" de la familia holandesa Blaisse, en la zona de Carro Quemado. Con sus ahorros logra comprar una chacra en los alrededores de Victorica, cerca de la actual ruta 105,  la que pone a nombre de su  madre.

Allí  en la estancia conoce a Carmelo Lamonica, con quien se casa el 7 de mayo de 1955. Tuvieron una sola hija a quien bautizaron con el nombre de su abuela Malvina. Vivieron con la suegra, doña Antonina Besone de Lamónica,  en la casa de la calle 12 esquina 13 de Victorica. Luego los hermanos de Carmelo le dejan la casa paterna en calle 15  casi esquina 12, que aún se encuentra en pie, construida en parte con los ladrillos de barro que se hacían en Los Pisaderos, en los primeros años de desarrollo del pueblo.

Modelos exclusivos para clientes
 Delia hacia los diseños a pedido, respetando los gustos del cliente. Los modelos más comunes que fabricaba eran: el “bombín” de ala estrecha y corona redonda, el “panza de burro”, tradicional de Argentina utilizado por los gauchos, su nombre deriva del uso del cuero de la panza de la burra, el “fedora” con corona pinchada, (el nombre proviene de una princesa de ese nombre que utilizaba este sombrero) el “chambergo tanguero”, que es partido al medio, el chambergo era de ala más ancha para proteger mejor de las inclemencias del tiempo y el “Orion” que usaba el “Zorzal Criollo” el cantante Carlos Gardel

A muchos clientes les gustaba con una buena cinta que le daba un toque diferente de distinción y el “criollo”, usado por la mayoría de la paisanada.  Para entregarlos los envolvía en un sobre grande de papel madera. A veces cuando eran para regalo se utilizaban cajas especiales para su mejor presentación.


En algunos antiguos roperos de casas de familia deben estar en el fondo de los guardarropas o baúles algunos de aquellos sombreros “made in” Victorica, confeccionados por Delia y comercializados por “Casa Sportman” del “Gato” Lamónica.

La foto permite apreciar los moldes que se utilizaron para la confección de los sombreros
Entre los vecinos victoriquenses de la época, que lucían sus sombreros, se recuerda a don : Agustín BORTHIRY, Carlos LEYTON, León CASENAVE, “Chino” de la NAVA, Eulogio MATOS, Germán TORRES, Eladio RODRIGUEZ, Jaime SIDEBOTTON, Alfredo, Emilio, Lorenzo y Eduardo  KENNY. Pedro ROSOLEN, Miguel MARZANO. etc. Además se sabe que algunos clientes eran del sur de San Luis, que llegaban atraídos exclusivamente por la merecida fama de sus sombreros.

Les obsequió sombreros al “indio” WINCHINAO y a Juan CORIA, dos personajes, que solían verse en los boliches de entonces, en todas las cuadreras, en los bailes de las afueras, en las yerras y las fiestas pueblerinas luciendo orgullosos su sombrero.

Los vecinos, a los que hemos consultado sobre el local donde funcionó la sastrería Sportman, nos han indicado dos lugares. Uno el lugar donde actualmente está la Veterinaria Victorica de la familia Sidebottom y el otro cruzando en diagonal la calle, en el salón que había pertenecido a la familia Fuentes, atendida los últimos años por "Maneco" y Luisa y que años después comprara don Jacinto Mustafá

El sombrero era un complemento de la vestimenta, muy usado hasta finales de la década de 1950, alguien dice que cuando los automóviles comenzaron a hacerse más bajos, eso influyó negativamente en el uso del sombrero y en Buenos Aires de donde venía la moda, también cuando el transporte público se transformó en algo muy difícil para el público en general, además del tema del costo de este complemento lentamente cayó en desuso.

El baúl donde se conservaron los moldes de madera, fue entregado recientemente a la Municipalidad de Victorica, para ser destinados al futuro Museo, por la familia Lamónica-Álvarez, a quienes agradecemos toda la información para esta nota sobre la historia de la industria de la moda masculina.
Agradecemos particularmente a la señora Elsa Álvarez de Lamónica por su información y fotografías para la elaboración de la presente nota. También a Malvina Lamónica por la fotografía.
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