lunes, 30 de abril de 2018

La Escuela Rural de "La Holanda"

La escuela rural de “El Trebol”
La señora Elisabeth Smidt de Ortiz Echagüe publicó a mediados del año 1973 un libro escrito por ella, que tituló “El Santo de los montes”.
Ella era hija única, su padre Federico Smidt fue el primer Cónsul holandés designado en Argentina. Quien había comprado dos lotes de campo en el por entonces Territorio Nacional de la Pampa Central, donde había hecho construir  una casa. 
Según leemos en una especie de introducción familiar expresa: “La compra la pudo efectuar por la herencia que le tocó de una tía.” Y más adelante agrega este otro párrafo supuestamente verídico. “Papá era el hijo menor de una familia aristocrática y como tal, según las leyes inglesas, no le tocaba nada en herencia; tenía que peleárselas solo y por eso decidió salir, irse a América”

El libro es una especie de biografía ficcionada. Ella misma escribió esta dedicatoria.
“A la provincia de La Pampa dedico este libro.
En nuestros tiempos complicados, en los que hasta el arte se desvía hacia lo extraño, lo feo, el humor negro, la exagerada sexualidad y el espíritu busca sensaciones producidas artificialmente, quise escribir un libro bueno y limpio.
Espero haberlo logrado. Agradezco sinceramente a los que, en una u otra forma, han colaborado. Los personajes y lugares de este libro son ficción.” La Autora.
Don Antonio Ortíz Echagüe de sombrero y bombachas, con su esposa Eslisabeth y amigos

Se había casado el año 1919 con el pintor español Antonio Ortiz Echagüe. En 1920 nace Carmen su hija, con quien se van a vivir a Holanda. El año 1927 cuando ya estaban viviendo en España nacerá su hijo varón al que bautizan con el nombre Federico, recordando a su padre ya fallecido. Después de vivir un tiempo en Fez (Marruecos, norte de África) y Tánger, Deciden instalarse en la estancia “La Holanda” que han heredado de la familia Smidt, en las cercanías del paraje “El Durazno” y dentro del ejido de la comuna de Carro Quemado (La Pampa) en Argentina, que hoy está en manos de sus nietos.

Del libro citado, he extractado estos párrafos, relacionados con la escuela rural que crearon en dicho campo para brindar educación a los hijos de los hacheros que estaban trabajando dentro del predio.

“Una tarde vuelve silencioso, lo conozco tan bien que sé que algo le molesta. Por fin dice qué es:
---He estado con los hacheros, que me están hachando la leña campana _todavía queda bastante en los montes_, y también postes y varillas, para el nuevo potrero que quiero hacer. Son dos familias, cada una con muchos chicos; hay ocho en edad de ir a la escuela, pero no los pueden mandar. Van a quedarse acá trabajando todo el invierno. ¿Qué te parece, Margarita, si nosotros les ofreciésemos esa posibilidad? Quiero decir, buscar una maestra y desocupar el galponcito viejo e instalarlo como escuela?
--Tu idea me parece maravillosa _digo_, pero…
---¿Pero? Decime, Margarita, las dificultades que presientas.
--Y… esa chica _la maestra_, tendría que vivir acá en casa con nosotros siempre; me parece que puede resultar pesado para mí. Y luego ¿a cuánta distancia están esas familias?
---Una, queda a una legua, la otra casi a dos _por ahora_, pues ya sabes que cambian de lugar a la fuerza. Pero puedo facilitar caballos mansos, para que vengan enancados de a dos.
--Tendrán que traer comida, o comer aquí, al mediodía. ¿Quién se ocupará de todo eso?
---No pongas dificultades, Margarita, todo se solucionaría, si estás de acuerdo con la idea básica.
--Estoy de acuerdo, pero quiero que pensemos todo bien, antes de empezar una cosa, de la que tal vez nos arrepintamos o tengamos que abandonar a medio camino _digo_, un poco malhumorada.
Como sucede en estos casos, Andrés se va a hacer cualquier cosa sin decir más nada. Pero la idea ya no nos deja en paz a ninguno de los dos, hasta que empiezo yo:
--Andrés, ¿cuándo te vas a ocupar de la escuelita? Mira que ya se aproxima marzo.
Feliz me toma en sus brazos.
---Hablé el otro día a un albañil para que venga a realizar algunos arreglos en el galpón y a revocar la pieza _que queda al lado_, y a hacer en ella una estufa abierta.
--¡Andrés! _exclamo.
---Sí, va a ser mejor que la maestra o el maestro vivan allí; compraré una cocina a gas envasado y una lluvia pues pienso hacer instalar un pequeño baño en una esquina de la pieza; alguna vez comerá con nosotros esa persona, pero sólo cuando vos la invites.
--Andrés, sos un ángel _digo_, y los ojos llenos de lágrimas.
---Sánchez me habló de un matrimonio; él fue director de una pequeña escuela, ella maestra ahí, los dos jubilados y dispuestos a venir acá; les gusta mucho el campo; quedé en que iremos a hablar con ellos la semana próxima”
Hasta aquí los personajes son: Margarita que no es otra que la propia Elisabeth quien ha adoptado ese seudónimo, porque le gustaban mucho las flores silvestres del campo llamadas precisamente margaritas. Andrés, que es su esposo Antonio. El señor Sánchez, se lo menciona como un dentista al que concurría a atenderse Antonio.
Momento de la construcción de la casa de familia en la estancia "La Holanda"

“Inauguramos la escuelita en abril. Los padres son invitados, desde luego, así como los hermanitos demasiado pequeños y los cuatro Acuña, naturalmente. Juan hace un asado; yo preparo pasteles; sobre el techo de la nueva escuela flamea la bandera argentina y cuando solemnemente entramos todos, se oye el Himno Nacional (de mi tocadiscos). Los ocho chicos toman asiento cada uno en su flamante pupitre y los nenes de Ingrid en un banco frente a una mesita baja; Don Felipe les dice un versito, que tienen que repetir con él: “Gracias a don Andrés y Doña Margarita, se inaugura hoy esta escuelita.”

Los niños y niñas llegan puntuales, llenos de ilusión todos los días. El otoño sigue templado, pero…sin lluvia,
A fines de mayo empiezan los fríos; los bebederos se ven escarchados; los niños llegan a la escuela con las manos heladas, entumecidos todos ellos, les toma casi media hora para reponerse en el ambiente tibio de la escuela, donde Don Felipe prendió la antigua estufa, desde temprano. Pienso y pienso en una solución y me digo: “!Margarita, ya has descansado bastante, llevas años de vida cómoda, ya es hora de que te molestes un poco!”
Doña Elisabeth con ramo de flores, la maestra, los alumnos y los familiares de los niños

Hasta ahora los chicos de cada familia o bien han traído un paquetito de comida “para la media mañana”, unas milanesas frías o huevos duros, un poco de galleta, o bien, no comen hasta volver a sus “casas”. Han entrado a las ocho a clase para salir a las doce y media.
Propongo a Don Felipe y María lo siguiente: que entren a las 10, cuando ya no hace tanto frío y coman acá, yo cocinaré, y luego sigan dos horas por la tarde. Todo el mundo está encantado, pero la buena Doña María al principio se preocupa:
---Pero, usted, Doña Margarita, ¿va a hacer ese trabajo todos los días?, mire que son muchos.
--Me arreglaré, verá usted que no me voy a molestar mucho _contesto_, tomando la cosa en broma.
Digo a Andrés que voy a precisar un par de ollas y sartenes grandes, platos, vasos y algunas fuentes, también cubiertos. Todo me lo compra entusiasmado. Me pongo a revisar recetas y a leer consejos sobre comida dietética y un lunes empiezo y produzco un locro, del que no queda ni un grano. Juan me ayuda a llevar la comida. María, ayudada por las nenas, pone la mesa, que compró Andrés, en el mismo galpón. Yo sirvo y después me llevo los platos sucios y los lavo en casa. Hago comidas variadas, que incluso comemos todos;  me empieza a divertir probar recetas nuevas.
Con María decimos que es una pena, que los chicos no tengan delantales y antes de la reunión del CREA en “El Trébol” compro muchos metros de género blanco y febrilmente me pongo a cortar y coser a máquina (mi vieja Singer).
Al año siguiente, en marzo se vuelve a abrir la escuelita: “Atienden ahora diez chicos en la escuela; dos mayores de los hacheros los pusieron de pupilos en un internado; en cambio, unos vecinos nos pidieron si podían acudir cuatro hijos suyos, dos de cada familia.”
Así pasaron varios años (no sabemos cuantos). Por la lectura entrelíneas los nuevos personajes que han aparecido son: Juan un peón que no sabemos su verdadera identidad. María y Felipe son los esposos que son maestros, de los que tampoco conocemos su verdadera identidad. Y por último se menciona a
“Ya no quedaba en el campo leña campana para hachar; postes y varillas buenos también resultaban difíciles de encontrar y las familias de los hacheros, cuyos hijos se iban haciendo grandes y cuyas señoras estaban cansadas de esa vida en carpas, siempre en el campo, quisieron mudarse a algún pueblo. El matrimonio Doña María y Don Felipe, que durante tantos años se habían ocupado de la escuelita con todo cariño, empezaron a sentirse fatigados:
---Ya somos viejos, Don Andrés _le dijeron_, el año próximo más vale nos vamos a vivir a Córdoba. Los Acuña ya desde un año antes vivían en Santa Rosa; sus hijos necesitaban otra educación. Así se fue terminando una etapa en la vida de “El Trébol” y lo que había sido la escuela y la vivienda de sus maestros quedó clausurada.”

En la ficción la estancia “El Trébol” no es otra que la estancia “La Holanda”. El personaje Ingrid era una madre que vivía en una estancia vecina. 

domingo, 25 de marzo de 2018

Nuestra Abuela Elina, criolla de pura cepa.

Elina García nació en Villa Mercedes, provincia de San Luis, en el seno de una familia criolla. Era hija de Francisco García y María Suarte. Fueron sus hermanos Francisco "Pancho" García, Cruz García y Fructuoso García.

Cuando el cura franciscano Fray Depredi, a cargo de la Parroquia de Victorica, funda el 6 de agosto del año 1893 la Cofradía del Sagrado Corazón de Jesús, entre las socias fundadoras encontramos a Elina García, Petronila de Salinas, P. de Ferrari, E. de Carlo y las señoritas Demetria y Clementina Olivera, Teodora Leyría, Cleofe Vera, Benita Velázquez y Victoria Fernández. Recuerdo que siempre llevaba colgado de su cuello una cadenita con un crucifijo.
El año 1905 se casó con Cirilo Roldán, un joven venido al Territorio Nacional de la Pampa Central, desde el Bragado (Provincia de Buenos Aires), con una punta de ovejas.

De ese matrimonio nacieron en los años sucesivos varios hijos. Hipólita Casiana, Felipa, Marcial, Trinidad, Cristobal, Delicia Timotea y Elina. La que se fue primero de la chacra fue Casiana que se casó con el francés Juan de la Nava, que supo tener una empresa de explotación forestal.
Vivían en un rancho de adobe en la chacra Nº 126, construido como era la costumbre con madera extraída de los caldenes de los alrededores, que servían para utilizarlos de parantes, hacer las cumbreras y para construir las aberturas. El barro se amasaba con pasto puna, también cortado en los alrededores y encima como techo, chapas de zinc, todo atado con alambre de acero y en las uniones con alambre de fardo.

En este caso particular la cocina, que todavía tiene una pared en pie resistiendo los ventarrones, estaba separada de las habitaciones para evitar el calor y los olores o el humo de la cocina a leña. Las habitaciones y también a la cocina se le colocaba en el interior un cielorraso confeccionado con bolsas de arpillera, el que se blanqueaba a la cal. Eso era para evitar el goteo de la chapa en invierno y el calor en el verano.
También era costumbre en los veranos cortar olivillo y colocar una camada sobre la chapa para evitar que esta se calentase tanto en los días de temperaturas extremas. La construcción se hacía teniendo en cuenta los puntos cardinales y la dirección predominante de los vientos. La cocina y las habitaciones miraban hacia el "naciente", es decir hacia el cuadrante por donde aparece en sol en las mañanas, para aprovechar, sobre todo en el invierno el calor de los rayos solares apenas asoma en el horizonte.

Además de la cocina y las habitaciones, generalmente se construía una despensa, que era el lugar donde se guardaban los alimentos producidos en el lugar y los demás adquiridos en los almacenes de Victorica o en Loentuel. Y para evitar los vientos y las lluvias se construía una galería, que era como un estar, que tenía techo, pero estaba abierto. De esa manera servía de sombra y de cobijo para la hora de tomar la merienda en el verano.

Por último otras  instalaciones muy importantes. La provisión del agua, se obtenía con la instalación de un molino cerca de la casa de donde se extraía el agua de un pozo y se la acumulaba en un tanque tipo australiano como el que se ve en la foto. De allí se derivaban las cañerías para las bebidas del ganado y una para la huerta familiar. El otro problema era el sanitario, que al no existir baño instalado, había que construirlo alejado de la perforación para que el retrete no contaminara el agua.
Alrededor de la casa se plantaban árboles para sombra,  y también para cortar los vientos fuertes, dado que el caldén es un árbol no muy alto y de hoja pequeña, por lo que no es de buena sombra, salvo los muy antiguos grandes. En este caso la familia de Elina y Cirilo plantaron los llamados "árbol del cielo" o paraísos y también la acacia común.
La huerta, era atendida por las mujeres, dado que los hombres se ocupaban de los animales: caballos, lanares, vacunos. En las primeras décadas eran más numerosas las ovejas, que requiere mucho más trabajo que el vacuno, porque el precio de la lana en el mercado internacional era bueno. En la huerta se sembraba maíz para tener choclos, zapallito del tronco, zapallo criollo, sandías, melones, cebolla de verdeo, perejil, era lo más común. Por supuesto en la quinta se cultivaban las aromáticas como la menta, el cedrón, la peperina, algunas utilizadas en infusiones y otras en las comidas. Había que desmalezar, regar, matar hormigas, combatir a los pájaros.

Otro trabajo de las mujeres era el de cuidar el gallinero que proveían los huevos y la carne de pollo. A ello se sumaba el ordeñe de las vacas lecheras para el consumo de la casa y a veces si había varias lecheras que dieran abundante leche se vendía en Loventuel.
Todos sus hijos fueron a la escuela rural, en el caso de Trinidad y seguramente Marcial el maestro fue el riojano Félix Romero y en el caso de Felipa, ella siempre recordaba a su maestra Isolina Gesualdi.

Cuando llegó la década de los "años malos", con sequías prolongadas, la langosta, la caída de la ceniza el año 1932, con el impacto de la crisis internacional que hizo bajar los precios de la lana. Todo se puso mal y los ingresos que daba una pequeña chacra de 100 hectáreas, no alcanzaba para mantener una familia de 9 personas. Fue por eso que tres de sus hijos tomaron la decisión de marcharse a Buenos Aires a buscar trabajo.

Partieron con ese destino Cristobal, junto con sus dos hermanas, Trinidad y la menor Elina. Allí consiguieron trabajo y también se enamoraron y se casaron. En la chacra había quedado Marcial y Felipa, pero por poco tiempo. Después de la muerte de su padre Marcial comenzó a buscar trabajo en Victorica, ya había cumplido sus 22 años cuando murió su padre. Ahora en la chacra su madre tenía a su cargo a dos niños para criar, ellos fueron Anacleto Buenaventura García el hijo de su hermano Fructuoso y a José de la Nava el menor de los varones de su hija Casiana.

Doña Elina, falleció el 15 de mayo del año 1963 en Victorica, cuando contaba con 92 años. Su esposo Cirilo había muerto en marzo del año 1937, cuando tenía 66 años, a consecuencia de una leucemia. Ambos descansan en el cementerio del pueblo donde ella pasó sus últimos años.
Los hombres tenían que arreglar los alambrados para evitar que el ganado se saliese. Atender la aguada, y controlar las plagas que atacaban a los corderos, siendo el puma el que más daño hacía. La vizcacha que solía colonizar algunos sectores del campo también solía ser un problema aunque no preocupante.

La foto de arriba está tomada en el molino de la chacra, allí están el niño José de la Nava, nuestro padre Marcial, nuestro tío Emilio Rodríguez y el tío José Bianchi.
En la foto de arriba todos están posando y casi que han cubierto la FORD T. Mi padre Marcial me tiene alzado, está vestido todo de blanco. A su lado nuestra madre Trinidad Cesanelli. Abuela Elina de negro está sentada atendiendo a otro nieto. Detrás de ella doña Casiana. El hombre que sobresale al medio atrás es Agustín "Chino" de la Nava. Adelante la señora de vestido floreado negro y zapatos blancos es doña María de los Ángeles Piorno de Martín, a su lado también de vestido floreado claro está Delicia de Sad.

Otros trabajos de la chacra era combatir las sequías cuando no eran años lluviosos. A eso había que agregarle a veces los incendios que producían los rayos de las tormentas. Además había que capar los terneros que se querían convertir en novillos.
Carnear todas las semanas un capón o cordero para consumo que como no había heladera se guardaba a la sombra dentro de una fiambrera. Por supuesto hacer los asados a la cruz durante todo el verano.

La fiambrera era un mueble de madera con una puerta en un costado, rodeada de alambre tejido que permitía el paso del aire, pero no el acceso de los insectos.

Los paraísos custodios de la antigua cocina, aún permanecen como testigos de tanto trabajo familiar. Piensen ustedes que ese rancho cumplió cien años el año 2005, quiere decir que estaba bien hecho porque ha aguantado las lluvias intensas, los ventarrones huracanados, los soles abrazadores.
Alguien se llevó las chapas y probablemente algunas maderas hayan ido a parar al fuego. El que adquirió la chacra fue don Renato Silva, uno de nuestros lecheros en Victorica. Fue vecino, dado que tenía su casa dentro del predio de Los Pisaderos, a una cuadra de la nuestra.

Los loros han colonizado, después de muchas décadas toda la torre del viejo molino que quedó en desuso.

Fotos: Juan B. Gandini y Luis E. Roldán

lunes, 12 de febrero de 2018

VICTORICA 136º ANIVERSARIO

Victorica, fue en sus inicios un Fortín fundado por el Ejército Nacional. El comandante de las tropas, coronel Ernesto Rodríguez, cambió la denominación original del lugar, de Fortín Resina, por el nombre del entonces Ministro de Guerra del gobierno del Gral. Julio A. Roca. Seis meses después de esa creación, se producirá el encuentro de un piquete de las tropas al mando de Mayor Sócrates Anaya, con los lanceros del cacique ranquel José Gregorio Yancamil, allá en el valle de Cochicó, al otro lado del río Chadileuvú. Como consecuencia de esos sucesos las autoridades militares deciden crear una línea de nuevos fortines que una Victorica, con la recientemente creada (12 de agosto de 1882) General Acha, para dar más seguridad a las familias colonizadoras que estaban llegando a poblar las tierras despojadas al indio que no se resignaba a perder lo que había sido suyo por derecho natural.
Antes de retirarse a los cuarteles de orígen el Ejército hizo dos actos fundamentales. Construyó la Iglesia Católica, que es la primera de todo el Territorio Nacional de la Gobernación de la Pampa Central, bautizada por el capellán salesiano Perea, quien acompañó al Gobernador Gral. Juan Ayala desde Gral.Acha designada Capital del Territorio. Y rescató los restos de los soldados muertos en el combate de Cochicó en el Departamento Puelén, donde se enfrentaron a los lanceros del cacique ranquel José Gregorio Yancamil. En homenaje a esos bravos construyeron la pirámide que existe en el centro de la plaza que tiene en cada una de las caras una gran placa de bronce. Fueron fabricadas en los talleres del Ejército en Buenos Aires, donde se fundieron los cañones que se utilizaron para la "campaña al desierto".

El año 1918 se desempeñaron al frente de la Intendencia Municipal don Antonio Fuentecilla, casado con una de las hijas de Lemme, comerciante también. Pero a mitad de año renunció y asumió en su lugar el vecino Regino Luna. En tanto que al frente de la Iglesia Parroquial el italiano Juan Roggerone, llamado "El Cura Gaucho", que estuvo más de una década, dejó lugar a partir de 1915 al sacerdote Félix Caprioglio. El año 1918 fue el del lamentable desalojo de la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre, realizado por el Obispado, para que se entregase el local que se le había prestado,, dado los planes de ampliación que se tenían previstos.
La mayoría de las primeras edificaciones se levantaron con adobes crudos cortados en los Pisaderos. Allí los soldados utilizando el agua de la laguna, hicieron barro con la tierra del lugar y lo mezclaron con el pasto puna utilizado como liga. Otros edificios de particulares fueron levantados con ladrillos cortados en las chacras de los alrededores donde había buena tierra "negra", con abundante humus, que quemados en hornalla producían ladrillos de muy buena calidad. En la foto de arriba se observa la vivienda familiar que el italiano Miguel Di Dio construyó el año 1898. Cuando llegó el centenario de la fundación del pueblo todavía esta vivienda estaba en pie, hoy tan sólo quedan una pequeña parte.

Victorica está situada al noroeste del territorio. Fue desde sus inicios la Capital del Departamento 7º primero y luego del Departamento Loventué. El segundo pueblo fundado por el francés Alfonso Capdeville fue Telén en 1901 a tan solo diez kilómetros hacia el oeste. El año 1904 don Miguel Farías un ovejero que llegó desde el sur de San Luis, fundó hacia el este un pueblo que denominó Loventuel. Posteriormente más hacia el este se creó la localidad de Luan Toro, el año 1908, cuando ya se escuchaba el bramido de la primera locomotora a vapor que llegaba por el camino de hierro desde General Pico.

Uno de los primeros hoteles y restaurante fue este que se ve en la fotografía de arriba. Construido por un integrante de la familia italiana Lemme, quien a principios del 1900 lo vendió a la familia de Juan Bautista Cazaux, quien le puso el nombre "Hotel Francés". Los Cazaux venían de la isla del Chalileo, donde tenían comercio de Ramos Generales y criaban ovejas, pero una gran sequía que se prolongada los impulsó a cambiar de oficio y de residencia. La sequía y además los taponamientos que se hicieron en territorio de la provincia de Mendoza por algunos puesteros que dejaron sin agua el curso del río Atuel.

Don Lucas Viniegra, español, se radicó primero con un comercio de Ramos Generales en la zona rural de los alrededores de Victorica el año 1887. Como le fue bien, las ganancias las invirtió para construir en la zona urbana el local de ese comercio. Fue la casa de Ramos Generales que más años de existencia alcanzó, dado que sus descendientes la fueron no sólo administrando, sino ampliando. Incluso compraron campo para reinvertir parte de esas ganancias. Cerraron sus puertas los primeros años de 1980, antes de alcanzar el centenario.
El Ferrocarril del Oeste, llegó a Victorica el año 1908 con una línea que salía de estación Once de Septiembre en Buenos Aires y que llegó hasta Telén, pero cuyo proyecto era alcanzar con la misma las costas del río Colorado, a la altura de 25 de Mayo. La historia nos cuenta que construyendo las estaciones, los galpones y las casas para los empleados de la empresa, llegaron a Victorica nuestro abuelo italiano Luigi Cesanelli y otros italianos que formaban la cuadrilla de albañiles.
Si observan detenidamente la fotografía de arriba, se puede ver, que la casa original era de adobe, que posteriormente ha sido revestida con ladrillos. Esa etapa fue la que hicieron la mayoría de los propietarios pioneros, dado que la construcción de adobe era mucho más económica que la construcción con ladrillo. Incluso algunos construyeron con ladrillos, pero asentados en barro. Esta casa situada dentro de lo que Pedro Telmo Lobo denominó "El Barrio Latino", perteneció a la familia Zanín y más allá la del  italiano  don Isidoro Picolomini que era constructor.

La escuela de varones Nº 7 y la escuela Nº 8 de niñas comenzaron a funcionar, luego de la sanción de la Ley Nacional Nº 1420 de educación común, sancionada en 1884. Como no era fácil conseguir maestros que estuviesen dispuestos ir a los Territorios Nacionales, las primeras escuelas fueron de gestión privada y ambulantes, dado que la mayor parte de las familias en esos primeros años vivían en el ámbito rural que era donde estaba el trabajo.

El primer maestro titulado, designado por el Consejo Nacional de Educación fue el francés don Miguel De Fougéres, que era Bachiller. En la fotografía de arriba se ve a los maestros y maestras que daban clase no solamente en las escuelas de Victorica, sino también en los parajes y localidades más cercanas. De Fougéres no está en la fotografía, porque a partir de 1903 fue designado como maestro a cargo de la dirección de la escuela Nº 9 de Telén, que había sido creada por Alfonso Capdeville, el ex intendente de Victorica entre los años 1891 y 1899.
La sucursal del Banco de la Nación Argentina abrió sus puertas el año 1909 en un local alquilado. Era la única entidad bancaria en todo el Departamento y en toda la inmensa región a la que servía que abarcaba el noroeste del Territorio Nacional de la Pampa Central hasta el límite con Mendoza y todo el sur de la provincia de San Luis, abarcando también a localidades hacia el este más allá de Luan Toro. Recién el año 1913 se inaugura el local propio, momento que registra la foto de arriba, en que los victoriquenses vieron uno de los primeros automóviles girando por sus calles polvorientas de arena y tosca.
El edificio que se alcanza a observar en la foto de arriba perteneció a los Hermanos Gómez, quienes instalaron en él un clásico Almacén de Ramos Generales como se estilaba en aquellos años de principios del 1900. Está situado a una cuadra de la estación del Ferrocarril del Oeste.
Don Nicolás Marzano fue un italiano que originalmente llegó a Telén a alambrar campos para el francés Capdeville. También ejerció el oficio de contratista rural para el mismo comitente, cortando alfalfa durante algunos años en que este cultivo se puso de moda en la región. Efectivamente el buen precio internacional de la alfalfa en esos años iniciales y sobre todo las buenas lluvias que se dieron en la década de 1900 hicieron que los hermanos Lernoud imitaran a Capdeville. Lo mismo hizo el español don Máximo García, el inglés Alberto Sidebottom y otros.

Después que Capdeville abandonó Telén rumbo a Mendoza, los Marzano se vinieron a trabajar a Victorica. Con ellos venían sus primos los Imbelloni. Cuando se terminó la alfalta a fines de la década de 1910 construyeron un local para instalar una panadería a la que bautizaron con el nombre de "La Vencedora". Parte del edificio todavía se encuentre allí a la entrada del actual Parque "Los Pisaderos" como testigo de aquellos esfuerzos pioneros.
Y cierro esta apretada síntesis mencionando a otro francés pionero del comercio en Victorica. Me refiero a don Víctor Rochereul, quien puso en marcha una fábrica de soda, bebidas sin alcohol y producción de hielo, en la que trabajaron su esposa y sus hijos, tanto varones como mujeres.

miércoles, 31 de enero de 2018

LA COMARCA DE VICTORICA HACE CIEN AÑOS



El año 1917, anduvo por la Gobernación de la entonces Pampa Central, un periodista, escritor, que recorrió gran parte del Territorio Nacional de aquellos años, haciendo entrevistas, buscando fuentes y destacando las potencialidades que se avizoraban entonces para el desarrollo y el progreso de estos lares.
Se llamaba Wenceslao Jaime Molins, quien cuando retornó a Buenos Aires con todo el material, mucho del cual había sido enviado al diario La Nación para su publicación, editó un libro al que tituló simplemente “La Pampa”, publicado el año 1918 por el Establecimiento Gráfico “Oceana”.

En el itinerario que hizo, utilizó los ferrocarriles y algún medio de locomoción tracción a sangre que todavía operaban en las zonas donde no habían llegado los rieles.
En el capítulo XXX del libro citado el escritor dice: “Después de visitar diversos pueblos de la línea de Pico, hemos pasado a Victorica.” O sea que tomó el Ferrocarril del Oeste que venía desde la estación Once desde la Capital Federal con boleto de llegada a Victorica, el primer pueblo fundado por el Ejército en 1882.



Se ve que tenía buenos ojos de observador y algunos conocimientos previos seguramente, porque escribió estos renglones introductorios: “No es necesario descender del tren para dar juicio sobre la actitud de los campos. La cebadilla agreste, difundida en copiosos matorrales, nos habla con elocuencia de la fertilidad del suelo. Las lluvias de este año han sido frecuentes y abundosas.”

Y ya saliendo de las generalidades, comienza a adentrarse en los temas relacionados a la Comarca de Victorica y sus alrededores que comprendía no solo la Pampa Central, sino también el sur de la provincia de San Luis. “Los campos de Victorica, por sus condiciones agrológicas, son buenos para cultivos de forrajeras. La tierra, arenosa y morena, es propicia a la alfalfa.” Y a continuación comienza a citar nombres y apellidos de los pioneros del campo en el noroeste pampeano. “Los primeros alfalfares los inició en la región y en 1898, don Máximo García. Estos ensayos en su establecimiento Carro Quemado, fueron una comprobación. Le siguieron en la prueba, don Alberto Sidebottom, en La Isabel; don Alfonso Capdeville, -el pujante francés-, en sus campos de Telén; Von Bernard, en Poitahue y Armando Lernoud, en la Morocha”.

Don Máximo García ese año vivía con su familia en la casa, frente a la Iglesia, cruzando la calle en diagonal está la plaza y enfrente estaba el almacén de ramos generales de la firma J.Llorens, J.Antich y Cía. Era un español que antes de comprar el campo “Carro Quemado”, cuando llegó desde Benito Juárez en la provincia de Buenos Aires, con su familia, adquirió primero una legua de campo al norte de Victorica, pasando el límite son San Luis, al que bautizó con el nombre “La Porteña”, dado que él se había casado precisamente con una mujer nativa de la campiña bonaerense, que se llamaba Fidela López.

Alberto Sidebottom era un ex capitán del ejército inglés, uno de los tantos compradores de títulos, con los que el Estado Nacional financió la denominada “Conquista al Desierto”, que pagó con las tierras que le fueron despojadas a los indios que poblaban el paraje Leuvucó. Cuando se da a la tarea de alambrar su campo, toma la decisión de echar llave al candado de las tranqueras, lo que producirá una discusión con Máximo García, porque él tenía que pasar con los carros cargados de lanas y cueros, lo que venía haciendo por la huella de las antiguas rastrilladas aborígenes. Al verse impedido por el cierre del camino vecinal, debe dar una enorme vuelta para llegar con su cargamento y pasar rumbo a la estación de Toay donde embarcaba su producto.
 

Hubo una denuncia de García al Intendente de Victorica, que en ese momento era Alfonso Capdeville, y otra ante el Gobernador Pico. La cuestión terminó en la Justicia, porque un día que se encontraron en la tranquera Sidebottom lo agrede a tiros, aunque sin que la disputa terminara en tragedia.
De Alfonso Capdeville, cuando llegó el periodista a Victorica y visitó Telén, él ya no vivía más allí, dado que se había radicado en El Sosneado, provincia de Mendoza, por lo tanto sus consideraciones son por las referencias que le dieron sus partidarios en Telén. De Von Bernard de descendencia probablemente alemana, no tenemos mayores datos, Pero también su encargado de la estancia Poitahue fue denunciado por varios vecinos por el mismo tema de los alambrados con tranqueras que impedían el paso por los caminos vecinales que según el Código Rural eran obligatorios que estuviesen francos al paso.

Es que aquellos eran tiempos de violencia física y verbal. En todas las casas había un wínchester, algunos portaban arma de fuego corta y todos cuchillos a la cintura.
Fue por eso que el periodista estuvo a punto de hacer el libro y ponerle como título gancho “El Far West Pampeano”, una frase que había sido acuñada por el salesiano RPS Juan Víctor Monticelli.
De don Armando Lernoud, un francés, que también siguió los pasos iniciales en la agricultura temprana en que la alfalfa venía muy bien y tenía buenos precios internacionales, se puede decir lo que el mismo periodista dejó escrito.
Es la única entrevista personal de todos los personajes que se mencionan arriba, que ha dejado un testimonio sobre sus decisiones relacionadas con las inversiones y la visión de largo plazo.

 
 
“La ganadería mestizada en esta zona, _nos dice el señor Lernoud,_ se inició en 1900. Se organizaron en aquella época algunos establecimientos de crianza e invernada. Los preliminares, sin duda alguna se deben a don Alfonso Capdeville, quien diez años atrás, en 1890, dio el primer envión a la industria ganaderil de la comarca.”

Y agrega seguidamente: “En 1902, es decir dos años después de haber formalizado este establecimiento, traje de Inglaterra dos toros puros. Fui, en consecuencia, el primer ganadero de la zona, que tentaba el ensayo de la alta mestización, en contraposición a todos los inconvenientes imaginables. Estos sementales vinieron en tren hasta Santa Rosa. De Santa Rosa aquí fue menester traerlos a pie. Para este traslado se empleó más de un mes. Traerlos en carretas, con los malos caminos de entonces, hubiera sido poco menos que imposible. Vinieron pisada sobre pisada, sin molestarlos cuando no querían caminar y con el consiguiente convoy de auxilio, carro de forraje y carro aguatero. Cada uno de estos ejemplares me había costado alrededor de 6.000 pesos.”

El periodista menciona que “El señor Lernoud nos informa, con cierto excepticismo, sobre el resultado de sus cultivos forrajeros.
-“La alfalfa da bien, siempre que la lluvia sea pródiga, -nos dice.-Hay que refinar el campo paulatinamente, pues por la flojedad de la tierra, resulta que con un par de aradas se forma médano. Al comienzo sembramos de 6 a 7.000 hectáreas. No llovió y se perdieron. El agua es problemática, además. Las napas corren de diez a quince metros, pero suelen estar a profundidades no menores de cien. El anterior fue un año pésimo para la alfalfa.”

Molins pregunta ¿Y cuál es el promedio de lluvia en la comarca?
-“En 1915 llovió 467 milímetros; en 1916, 244; y en lo que llevamos de 1917 hasta octubre, 363 milímetros.”
Más adelante la curiosidad del periodista indaga ¿Y el monte?, porque él había visto las pilas de leñas en las estaciones de Rucanelo, Luan Toro y Loventuel, dado que por aquellos años (recordemos que la Primera Guerra Mundial había comenzado el año 1914) las empresas ferrocarrileras usaban para sus máquinas a vapor madera del bosque nativo.
“El monte he dejado de explotarlo, nos dice el señor Lernoud. Hoy por hoy, no rinde la leña como negocio. Son malos los caminos. Son pesados los fletes…”

FUENTE: Molins, Wenceslao Jaime: "La Pampa" Establecimiento -gráfico "Oceana", Buenos Aires 1918

Related Posts with Thumbnails